El asesino está enamorado o un texto lleno de esperanza hasta que al final algo falla

 

 

Era la primera vez que ella venía a casa. Me tomé la tarde libre para preparar todo y que fuera perfecto. Fui al supermercado y elegí el corte de carne que le gustaba, el vino que nos gustaba a ambos, la rúcula, los tomates cherry y el queso parmesano para la ensalada que le gustaba a ella. Esta vez compré un aceite de oliva importado, me salió carísimo pero ella venía a cenar a casa por primera vez. Limpié el departamento a fondo, puse en la cama mis mejores sábanas (casi no tenían uso porque siempre las guardé para una ocasión especial). Prendí unos inciensos de vainilla, su gusto preferido. Preparé la comida con una dedicación que me desconocía. En cuanto a la música, no puse jazz – hubiera sido mi elección natural – porque sabía que no le gustaba. Decidí esperar a que ella eligiese lo que íbamos a escuchar. Llegó veinte minutos más tarde de lo que había dicho, estaba tan linda y tan simple que se me hizo un nudo en la garganta. Recorrió el departamento, apreció y agradeció el aroma a vainilla, tenue pero presente. Miró la carne en el horno y la ensalada que ya estaba lista sobre la mesa del comedor. Serví dos copas de vino, brindamos y nos besamos, tal vez con poca gracia porque aún sosteníamos las copas, pero con amor indomable, Eligió un disco, me abrazó y bailamos. Sentir su brazo en mi espalda y su cabeza apoyada sobre mi hombro fue lo más cercano que estuve nunca del Paraíso.

Y entonces creo que fue allí, más o menos un minuto antes de que terminara la canción, cuando le clavé el cuchillo en el estómago y no se lo saqué hasta que le llegó al corazón.

ME

25/02/18

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