Publicado el

2017

 

Esta impensada crónica relaciona a un político, escritor y arquitecto inglés del siglo XVIII con tres príncipes de Ceylán,  con la escritora Mary Shelley y con una droga, el citrato de sildenafilo que, en forma de pastillita azul y el ingenioso nombre de Viagra (una mezcla de la palabra latina para “fuerza” y la palabra en sánscrito para “tigre”) logró transformar una malograda investigación médica en uno de los mayores éxitos de la industria farmacéutica.

Empecemos por el final, científicos del Laboratorio Pfizer buscaban un medicamento para tratar la hipertensión arterial y la angina de pecho, fracasaron en dicho intento pero observaron un curioso efecto no buscado: la droga producía notables erecciones peneanas. Pfizer lo patentó como un medicamento para tratar la disfunción eréctil y, desde su lanzamiento comercial en 1998 hasta hoy, es uno de los remedios más vendidos del mundo.

Horace Walpole, IV Conde de Oxford era hijo de un Primer Ministro inglés y primo del Almirante Nelson. Su obra literaria más importante, El Castillo de Otranto, es reconocida como la novela que inauguró el género de terror gótico, uno de cuyos hijos dilectos es – por supuesto – Frankenstein o El Moderno Prometeo (tal su título completo), escrito por Mary Shelley en una de las noches más extrañas de la historia de la literatura (pero esa es otra historia). Además de sus obras de ficción y de varios ensayos, Walpole dejó una profusa correspondencia y en una de sus cartas acuñó el término “serendipity” (serendipia o serendipidad en español), refiriéndose al momento en el que encontramos algo cuando buscábamos otra cosa, un hallazgo fortuito que cambia el curso de los acontecimientos (no es que encontramos el título del auto, perdido hace varios años, mientras buscábamos la constancia del último pago de expensas).

Walpole tomó el término de un antiguo cuento infantil Los Tres Príncipes de Serendip, una lejana tierra asociada con Ceylan (hoy Sri Lanka). Los tres príncipes, hijos del rey Giaffer, son reconocidos por su astucia, sagacidad y sabiduría. Para continuar con su educación, el rey los embarca en un viaje cuyas aventuras y razonamientos los convierten en algo así como los primeros detectives de la ficción. De Serendip a serendipity porque en el camino hallaron lo que no buscaban.

Vivimos en serendipia más de lo que creemos, la ciencia desborda en sucesos como el de la pastillita azul (los rayos X, la penicilina, la vacuna antirrábica…). Colón se “chocó” con lo que es hoy América buscando las Indias. Yo mismo, mientras buscaba otro tema para este relato, encontré que Walpole nació en 1717, es decir que en 2017 se estarán cumpliendo 300 de su nacimiento y, dicho sea de paso, murió en 1797, el mismo año en que nació Mary Shelley, cuyo “monstruo” surgió posiblemente en una noche de serendipia en la Villa Diodati, en Ginebra.

Pienso que ninguna búsqueda es infructuosa y que todo hallazgo nos enaltece.

FELIZ AÑO

marcelo ekman

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Acerca de Marcelo Ekman

Psicólogo, mindhunter, casi músico aficionado, melómano invencible, muy hincha de Boca, apasionado por todo lo que hace racional a este mundo, curioso por la irracionalidad del mundo.

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